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Manzanas.

Por más que se esfuerce

el naranjo da naranjas

y no manzanas.

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Flechas.

Llama la atención

que las flechas más certeras

no vinieron del frente, 

sino que llegaron por la espalda.

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Cárcel.

Te quedaste en el “vamos viendo”

con la esperanza de encontrar compromiso.

 

Así pasaron los años.

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Confusión

Dios no te pide que olvides.

Pero te pide que perdones.

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Confianza.

Hay gente tan insegura

Que van a hacerte inseguro

Para así sentirse seguros.

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Realidad.

Me despedí queriendo quedarme.

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Culpable.

Estruje el corazón aceptar

que el culpable de mi sufrimiento,

fueron mis propias acciones.

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Merecer.

Con Sofi entramos en una tienda de lentes de sol.

Le gustó el más caro.

Le alenté a comprarlo.

Porque se lo merece.

 

Al salir lloramos y nos abrazamos.

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Terraza

Hay flores que brotan en los techos de las casas.

En esas aventuras que nacen por el paso del tiempo.

No se quejan de haber nacido en una terraza.

No se quejan de no haber nacido en una pradera.

 

Simplemente viven. 

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Límites.

El exceso de empatía...
es autodestructivo.

Importancia.

Quiero ese juguete.

Quiero ese celular.

Quiero esa casa.

Quiero volver a escucharte, mamá. 

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Enfermeras.

En terapia intensiva 

las enfermeras afirman

que se escucha un coro sonar:

Por qué no me animé a ser feliz?

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Semilla.

Hasta donde yo sé,

La semilla no se exige a sacar frutos.

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El zen es un camino sin camino, el esfuerzo sin esfuerzo, la acción sin acción. De ahi viene la extraña idea zen de que la iluminación sucede en un instante.

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Me escriben muchas personas pidiéndome que ayude a un amigo o familiar que está pasando por momentos difíciles. En mi experiencia personal y por haber querido intervenir, los resultados no son los esperados. Esto se da porque el despertar siempre es un proceso individual que llega cuando tiene que llegar. No se puede forzar, es imposible.

Ustedes ya lo saben, pero tuve que fallar en 30 oportunidades para bajar de peso, también pasé por muchos sufrimientos para entender distintas enseñanzas que tengo hoy en día. Cada fallo fue vital, indispensable porque yo no controlo mi vida ni nadie lo puede hacer. La creencia que piensa en el control se atormenta por cada fallo, pero los que viven en la Creencia de Unidad, entienden que el universo no tiene significado, que está vacío y que todo simplemente sucede. Por lo que la intervención carece de sentido, solo se puede aceptar lo que se vive y encontrar una enseñanza al respecto.

Pero esto no quiere decir que si ves a una persona sufrir no hagas nada. ¡No! Eso es resignación. Yo te pido que te rindas al momento presente. La rendición es entregarse, es hacer pero sin luchar, sin exigir, sin frustrarse o proyectar un resultado. Ustedes son maestros para esa persona que está sufriendo. Y uno de los roles que tiene un maestro es el de generar el ambiente propicio para que suceda el despertar.

Para entender esto recordemos la historia cristiana de la resurrección de Lázaro de Betania que era amigo de Jesús. Habían pasado cuatro días de la muerte de Lázaro, estaba sepultado y su cuerpo ya apestaba a descomposición. Jesús llega y lo empieza a llamar: “¡Lázaro, despierta, despierta Lázaro”! Todos se reían de Jesús creyendo que estaba loco. Pero Lázaro se levanta, deja de oler a muerto y sale afuera del sepulcro con el rostro cansado, como si se hubiera levantado de un largo sueño.

¿Entendiste? Jesús solo lo llamó, el que despertó es Lázaro. Siempre el despertar es individual, pero nosotros podemos ser como Jesús y elevar nuestra voz para que los que quieran escuchar que oigan. Para que, quizás, en algún momento, alguna frase logre hacer clic y el sueño termine, que el hedor a muerto se vaya.

Pero para ser un verdadero maestro, uno tiene que entender lo que dije antes: no controlás nada.


Hay que aceptar que si no despierta es porque la Vida quiere que el sueño siga un tiempo más. Y si se despierta, se despierta. No hay posibilidad de intervención. Va suceder lo que tiene que suceder, ni más ni menos. Todo siempre es perfecto. Si aceptás esto, si te rendís al momento presente, podes ser un maestro que eleva su voz diciendo “¡Despierta Lázaro!” desde el amor más verdadero posible: el que ama sin importar la situación. Solo ama.


Entonces te vas a transformar en un verdadero maestro, un peregrino que peregrina sin rumbo diciendo que: Si voy al norte, el norte será bello. Si voy al sur, el sur será bello porque la admiración de la belleza se encuentra en todos lados. Solo no juzgues, no compares, no exijas, no pidas nada, no te resistas a aceptar lo inevitable, ni siquiera pidas justicia, porque todo sucede como tiene que suceder.


En esa aceptación se encuentra la Paz de Dios, el silencio sagrado, la buenaventura permanente. Vas a dejar de llamar enemigo al enemigo y amigo al amigo. Vas a dejar de sentir culpa por tu hermano y vas a sentir compasión. Vas a vivir plenamente en el Ahora porque no habrá culpa ni deber ni resultado en el encuentro entre el maestro y su aprendiz… ¿No es mejor esta opción a sufrir?

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